Los Arbitros
La educación es uno de los grandes problemas que hace que Sudamérica no explote su enorme potencial que tiene en todos los campos. Pasa en la sociedad, pasa en la política, pasa en todos los ámbitos de la vida y el deporte no puede estar ajeno a ello.
Esta falta de educación se demuestra en casi todos los actos que realizan sus habitantes. Su indisciplina, su informalidad y su improvisación, se convierten finalmente en irrespeto a la autoridad. No se cree en ella, y la autoridad muchas veces hace hasta lo imposible para que así sea. Esta falta de valores y principios nos llevará al caos.
Lo que la mayoría de los habitantes de esta parte del continente desea que alguien los gobierne, con planes coherentes a largo plazo y con autoridad moral, aunque ésta escasea.
El deporte está perdiendo una gran oportunidad de darle una lección a toda la sociedad en general, pues los que lo ejercen sus distintas disciplinas, deben de tener las cualidades necesarias y sus valores y principios muy claros, para que se cumpla con la disciplina, el afán de superación y planificación, respetándose el principio de autoridad. Que los valores intrínsicos que emanan del deporte, sean también rescatados por la sociedad..
Una anécdota personal puede ejemplarizar lo que afirmo.
En Abril de 1983 asistí como veedor de la Confederación Sudamericana de Fútbol a dos partidos que se jugaron por la Copa Libertadores de ese año. En ese entonces los grupos los conformaban cuatro equipos, el campeón y subcampeón de dos países. Además el equipo visitante, para ahorrar costos, jugaba sus dos partidos contra los dos del otro país, en la misma semana. El Martes disputaba el primero y el Viernes de la misma semana el otro.
Me tocó ir a Bolivia para ser el comisario de los partidos del Flamengo de Brasil de Zico, Junior y Raúl entre otros jugadores, contra los equipos bolivianos. El Martes 5 de Abril de 1983 en Santa Cruz de la Sierra se enfrentaron el Blooming contra los cariocas que se saldó con empate a cero, mientras que el Viernes 8 del mismo mes en La Paz, el Bolívar le ganó a los rojinegros por 3 a 1.
Tuve la suerte de tener como árbitros a tres de los mejores referís de Sudamérica de ese momento: los argentinos Abel Gnecco, Juan Carlos Loustau y Carlos Espósito. Guardo con especial cariño las copias de las actas que me correspondían de esos partidos.
Durante esos días se convive con los árbitros y allí pude comprobar los efectos naturales que se sufren los que suben a la altura, que los procesos psicológicos pueden agravar.
El árbitro en la preciosa Santa Cruz fue Abel Gnecco, por lo que no podía dirigir en La Paz. Los otros dos podía jugar ( como les gusta decir a ellos) en la altura, pues no habían sido los árbitros en Santa Cruz.
Cuando arribamos a La Paz, tanto Espósito como Loustau, este último salió sorteado como árbitro principal, se quedaron en el hotel con claros síntomas de soroche, mientras que Gnecco que sólo podía ser guardalíneas, como se les llamaba entonces, estaba de los más fresco y con él recorrimos las empinadas y hermosas calles de La Paz, sin sufrir el temido mal de altura.
En las largas conversaciones que mantuvimos, recuerdo una en especial. Me decía que en Europa arbitrar era lo más fácil del mundo, pues todos los jugadores obedecían y acataban las reglas sin chistar. Nadie reclamaba. Pero que en Sudamérica era muy difícil hacerlo, pues los jugadores se pasaban todo el partido en una actitud hostil contra los árbitros, que son la máxima autoridad dentro del campo de juego, aplicando todas las mañas, haciendo tiempo, fingiendo lesiones, reclamado por todo, es decir toda la indisciplina puesta en práctica.
Eso es producto de la distinta educación los dos continentes, y que hace que en esta parte del mundo no se respete a la autoridad.
Esta historia viene a colación por los problemas que siguen teniendo los árbitros en Sudamérica. Ellos representan a la autoridad, y en lugar de respetarlos y apoyarlos, se les irrespeta. Sin ellos, el fútbol sería un caos.
Por supuesto que existen árbitros buenos, regulares y malos, pero que representan a la autoridad dentro de los terrenos de juego y por lo tanto no hay que menoscabarla. El día que se acaten y respeten sus decisiones sin reclamar, Sudamérica habrá dado un gran paso para su despegue.
Una pregunta. ¿ Habrá visto amable lector, que el dirigente, el entrenador o los jugadores de un equipo ganador se queje de los árbitros?
Para que exista infracción la regla dice que tienen que coincidir dos cosas: que se cometa una de las faltas especificadas en el reglamento y que EXISTA INTENCIÓN DE COMETERLA. Sin esas dos condiciones juntas no hay falta.
Para descifrar si hay intención hay una palabra clave: CRITERIO. La única interpretación válida en una cancha de juego ES LA DEL ARBITRO, que puede que para usted amable lector o para mí esté equivocado, pero les guste o no, es la UNICA QUE VALE. El día que APRENDAMOS QUE EL UNICO CRITERIO QUE VALE ES EL DE LOS ARBITROS se habrá avanzado mucho.
La mayoría de los narradores de la televisión, me niego a llamarlos comentaristas, pues sólo siguen la jugada sin analizar los partidos, se han vuelto los jueces de los jueces de los árbitros, y en cada intervención SENTENCIAN, lo que según su criterio debió cobrar. Dicen fue penal, fue fuera de juego, fue foul, debió ser expulsado, le debieron sacar tarjeta amarilla, y muchos de ellos ni siquiera han leído el reglamento del fútbol, y utilizan SU CRITERIO, pero repito que el ÚNICO QUE VALE ES EL DEL ARBITRO, y por lo tanto no guían a la opinión pública.
Lo que me hace más gracia es que estos supuestos periodistas son unos genios, pues CONOCEN HASTA LOS PENSAMIENTOS DE LOS ARBITROS. Se le oye decir a menudo que, en un fuera de juego marcado por el árbitro asistente, expresan muy suelto de huesos, que ante la duda debió abstenerse. Pregunta: ¿ COMO DIABLOS SABEN SI EL ASISTENTE TUVO DUDA O NO? ¿ LEERAN EL PENSAMIENTO?
Lo peor es que estos narradores que guían a la opinión pública, se ensañan muchas veces con los de negro, aún equivocándose, y los aficionados les creen a pie juntillas.
Los narradores pueden ver muchas veces las repeticiones de las jugadas y muchas veces ni siquiera se ponen de acuerdo. Además corrigen lo que afirmaron al ver la jugada sin repeticiones, pero NUNCA ASUMEN SUS ERRORES.
Los árbitros tienen que sancionar al momento, sin recurrir a las repeticiones desde distintos ángulos que hoy nos ofrece la televisión, que muchas veces aclaran las jugadas, pero a veces éstas son tan rápidas y es posible que ellos no pueden apreciar las faltas.
Alos árbitros hay que exigirles tres cosas. Que sepan las reglas, que tengan un buen estado físico y que tengan personalidad.
Sin lugar a dudas a los malos árbitros hay que sancionarlos, sin que pierdan el principio de autoridad, pero por favor señores periodistas NO PREJUZGUEN INTENCIONES Y NO SEAN TAN SOBERBIOS DE SENTENCIAR CADA UNA DE LAS JUGADAS, muchas de ellas no tienen trascendencia, pero repito, el día que todos entendamos que el UNICO CRITERIO QUE VALE ES EL DEL ARBITRO Y LO ACEPTEMOS, Sudamérica habrá dado un gran paso y que además, servirá de ejemplo a la sociedad en general.
Aceptemos el principio de autoridad y borremos para siempre la indisciplina, la informalidad y la improvisación.