Fair Play 2
En el artículo de hoy, quiero transcribir exactamente uno que escribí el 28 de Diciembre del 2004 titulado “Fair Play” y cuando terminen las comillas, agregaré dos acciones del fin de semana pasado, 12 y 13 de Abril del 2008, con una introducción, referente al Fair Play y las lecciones de vida que debería de servir de ejemplo a la sociedad mundial, uno por lo bueno y el otro por lo malo.
“El Fair Play es el juego limpio, es cumplir con las normas establecidas, es respetar al adversario y lo más importante es respetarse a sí mismo, por lo tanto no es una expresión simpática como alguien ha sostenido, pues es una palabra mucho más profunda, tiene que ver con una manera de vida, pues se trata, de VALORES Y PRINCIPIOS.
Pero en una sociedad como la sudamericana que tiene alergia por todo lo que representa autoridad, esta hermosa manera de vivir no ha calado. Es cuando surge ese personaje fatídico para estas sociedades: “Pepe el Vivo” aquel tipejo que tiene mucha esquina, mucha calle, el de la viveza criolla, cuya principal virtud es ENGAÑAR, es sacarle la vuelta a todo, en provecho personal. Para él, el fin justifica los medios.
Dentro de este esquema de la sociedad sudamericana no está exento el deporte, que como he sostenido en varias oportunidades, se pierde una excelente oportunidad de darle una lección a la sociedad.
El peruano lleva la delantera encarando la vida de este modo que debería de desterrar para siempre, pero en el deporte, el referente de todo lo sudamericano es lo argentino, del cual se copian casi todo, lo bueno y lo malo.
Acciones de ese país son seguidas por el resto como si fuera una religión. Los del Boca llaman a los del River como los innombrables, cuando no son enemigos son rivales, generando así más violencia. Cosa que es imitada en el resto de Sudamérica.
Menotti dice que el fútbol es un engaño constante. Dice el diccionario “ Engaño: falta de verdad, falsedad”, ahora entendemos porqué la mayoría de los argentinos han hecho un dios de Maradona, el cual como persona es un engaño.
Recuerden aquel episodio cuando Bilardo entrenaba al Sevilla y chocan cerca de la mitad de la cancha dos jugadores uno de su equipo y otro del rival. El jugador sevillista le da la mano y trata de levantar al adversario, entonces se escucha la voz del argentino que le dice a su jugador,”al rival no se le ayuda, hay que matarlo”. Para mala suerte de él, buena para todos nosotros, había cerca un micrófono de la televisión que trasmitía el partido y toda España lo escuchó, desnudando la mala leche de éste.
El distinto nivel cultural hace que las diferencias entre Europa y Latinoamérica sean más grandes. Otro ejemplo marcará estas diferencias.
Jugaba el Arsenal con un rival inglés por la Premier League y empataban a uno. Cuando cae lesionado un jugador suyo. El rival tira el balón fuera del campo para que sea atendido. Corresponde un saque lateral a favor de los “cañoneros”. Sacan el lateral y mientras los rivales esperaban que les devolvieran el balón se quedaron parados. Overmars jugador del Arsenal en ese entonces, se llevó este, centró y un delantero de los de Londres, creo que fue Kanú hizo el gol, ante el estupor de todos, dándoles el triunfo a su equipo por 2 a 1. El árbitro no le quedó otra cosa que marcar el gol, pues cumplió con el reglamento.
Arsene Wenger el francés que era el entrenador del Arsenal, sigue siéndolo en la actualidad y ha ampliado su contrato hasta el 2008, envió una carta a la Federación inglesa pidiendo que se repitiera el partido porque su equipo había efectuado un engaño, había hecho trampa. La federación aceptó su solicitud y ordenó repetir el partido. Se volvió a jugar y el Arsenal lo ganó otra vez. Que lindo gesto, un homenaje al Fair Play, al juego limpio.
Aquí en Sudamérica es un canto a la simulación, todos engañan al árbitro, al rival, al público y lo peor es que se engañan así mismos, ante la algarabía de los relatores, me niego a decirles comentaristas, ya que sólo relatan sin entrar a analizar el fútbol, que dicen que inteligente es el jugador que hace tiempo cuando se acerca el final del juego.
Un dato más. El promedio de juego efectivo en la Eurocopa de Naciones del 2004 fue entre 70 y 75 minutos de juego efectivo. En los partidos de las ligas sudamericanas apenas alcanzan a 45. Es ese otro motivo del porqué en Europa se llenan los estadios mientras por estos lados las asistencias son mínimas.
Al jugador que se hace el lesionado o simula una acción, se le debería dejar fuera del campo por espacio de 10 minutos. Verán como se terminan estas.
Todo esto es por lo sucedido en el Cuzco en el partido entre el Cienciano y el Alianza Lima. Para cerrar un año 2004 nefasto, los dos incurrieron en la falta del Fair Play. El del Cienciano al fingir una lesión inexistente, ( los aliancistas ya lo habían hecho apenas se pusieron en ventaja a los cuatro minutos de iniciado el partido por intermedio de Maestri) pero peor el aliancista, ya que al árbitro sancionó pique a tierra, el juez seguramente indicó, como siempre se hace, que los íntimos devolvieran el balón a los rojos, no sólo no lo hizo, si no que Olcese siguió la jugada ante la sorpresa de todos y la pasividad de los cuzqueños que esperaban que les entregaran la pelota, anotó el gol de empate que les dio la posibilidad de disputar los play off ante el Cristal mañana. Para ellos el fin justifica los medios. La viveza criolla en su máxima expresión.
Lo peor es que no se han escuchado voces de repudio por dicha acción, al contrario la mayoría de dirigentes, periodistas y entrenadores de este país la han alabado, por lo tanto justifican el engaño, perdiéndose una brillante oportunidad de aplicar el fair Play y darle una lección a la sociedad peruana”.
Trascurrido estos tres años y pico, desde Diciembre del 2004 a Abril del 2008, pareciera que en Sudamérica algunos aprenden la lección, pero otros no, teniendo siempre a la mayoría de los argentinos como abanderados, pues existen los que apoyan el Fair Play.
A nacido de ellos, dirigentes, entrenadores, jugadores y periodistas, que tratan de desterrar la excelente costumbre de tirar el balón afuera cuando un rival yace en el suelo, aplicando el Fair Play, comenzando una campaña para acabar con estos valores y principios. Para ello argumentan que muchos de los jugadores caídos están fingiendo y lo hacen para parar un posible contragolpe, para hacer tiempo o al devolver el balón, lo tiran mucho más lejos de donde ocurrió la falta. Si eso sucede, castiguemos duramente al simulador, pero no echemos a perder la esencia del fútbol que a la larga es sólo un juego, donde hoy, lamentablemente, se ha convertido en un negocio, perdiéndose el Fair Play.
El ejemplo bueno.
Jugaban la Universidad Católica y la Universidad de Concepción el Sábado pasado en San Carlos de Apoquindo y se mantenía el empate a cero, cuando Fernando Solís defensa de los penquistas, debajo del arco, sin arquero, último hombre y con clara opción de gol para el adversario, rechaza el remate con las manos enviando el balón al corner. El Arbitro Claudio Puga señala el penal, pero ente la insistencia de los jugadores católicos consulta con el juez de línea. Este le indica que no vio el penal.
Aquí viene lo insólito que debería ser lo normal. Puga le pregunta a Solís si desvió el balón con las manos, y el defensa, sabiendo que era una acción que ameritaba el penal y su expulsión, le dijo que sí, que desvió el balón con las manos. El juez decretó el penal y expulsión del jugador de manera correcta. Lo mejor, la declaración del jugador al día siguiente. Dijo que estaba contento con su decisión y la volvería a repetir.
Botinelli ejecutó el penal y abrió el marcador para los cruzados, que terminaron ganando el partido por 2 a 0.
El mal ejemplo.
Jugaban en el Morumbí el Sao Paulo y el Palmeiras por las semifinales del campeonato paulista de este año. Estaban a cero y Adriano se arrojó en palomita y claramente con las manos anotó el gol, convalidado por el árbitro. En una acción deplorable salió corriendo celebrando su gol y engañando a todo el mundo. Sus declaraciones posteriores fueron patéticas. Anoté el gol un poco con las manos y otra con la cabeza. Ganó su equipo por 2 a 1. No estaba arrepentido de su acción.
Esa es la diferencia entre un buen y mal deportista. El ser una buena persona y respetar el Fair Play no tiene precio y el que lo practica quedará contento consigo mismo. No sé que pensará el que no lo ejecuta. ¿ Tendrá su conciencia tranquila? Algunos sí, pues su falta de valores y principios, agregada a una mala educación, los hace inconscientes.¼/p>