Just Fontaine
Justo “Just” Fontaine nacido en Marrakech, Marruecos, el 18 de Agosto de 1933, que alcanzara la fama en el mundial de Suecia 1958 cuando anotó 13 goles en aquel mundial defendiendo los colores de la selección francesa, es hoy día, entre otras ocupaciones, comentarista mensual de la revista española Don Balón.
En este artículo quiero resaltar esta faceta, de la cual ya tiene tiempo, pues compartimos muchas ideas para mejorar el actual fútbol mundial.
Lo leo regularmente, tengo la colección de esta revista desde el número 1 que tenía como titular de portada ¿ En Dónde está el dinero de las Quinielas (apuestas deportivas)?, Compré ese primer ejemplar en un viaje a Europa cuando estaba en Madrid en Octubre de 1975. La encontré en un kiosco. Desde entonces estoy suscrito a la revista.
La última página Don Balón la dedica a comentarios de personajes del fútbol donde se repiten los nombres de Franz Beckembauer, Carlos Salvador Bilardo, Jose Santamaría y Just Fontaine. Las de este último no me las pierdo, pues sus análisis y pensamientos futbolísticos, entre los que se destaca el respeto por el Fair Play, los comparto plenamente.
En una época en la cual lo mediático y el dinero superan a los valores y principios, son un remanso leer las sesudas intervenciones de éste ídolo francés que resultó tan bueno para el periodismo como lo fue como futbolista: goleador, directo.
Cuando la mayoría de diarios madrileños resaltan los buenos resultados del Real Madrid, que está batiendo todos los records futbolísticos españoles, aún a costa de jugar muy mal, conseguidos básicamente por tener un arquero sensacional como Iker Casillas y un goleador de fuste como Van Nistelrooy, que han salvado a los merengues de más de un desaguisado, leemos la crítica objetiva y llena de observaciones de Fontaine, donde intenta rescatar al fútbol de este desastre mediático.
Cuando la mayoría de los periodistas del mundo llevan a los altares a Ronaldo (hoy desaparecido), luego que en el mundial de Alemania 2006 rompió su record, el de ser el máximo anotador en la historia de los mundiales, rompiendo el del francés, a pesar de que Brasil no lograra el campeonato mundial, privilegiando una vez más lo mediático, el individualismo sobre el bien común, que es el beneficio colectivo, sale otra vez la pluma del francés poniendo las cosas en su sitio.
Cuando la prensa mundial elogia sin cesar el gol antológico de Messi anotado el año pasado contre el Getafe por la Copa del rey, él lo coloca en su justa medida y advierte que el FC Barcelona no ganó ningún título, lo más importante para un club de la máxima categoría y recuerda que lo básico del fútbol es el juego colectivo y de ataque, sobre las individualidades.
Lleva varios artículos hincando el diente sobre un problema casi insoluble en el fútbol de hoy, la deslealtad, las simulaciones de los jugadores, el de hacer tiempo, los agarrones y manotazos en las áreas sin que sean penalizados, el no conservar las distancias en los tiros libres, convirtiéndoles en asambleas interminables, yendo contra la esencia del fútbol, que es disfrutarlo, que en el fondo es un juego, y que generalmente ganará el que juega mejor, y no el más pícaro, todo esto también predicado en varios de mis artículos.
En el último que he leído. Voy atrasado en mi lectura de la revista Don Balón, pero hago esfuerzos para ponerme al día, volvemos s coincidir.
Se trata de un escrito a fines de Enero del año pasado, donde propone, lo mismo que he escrito en numerosos artículos, que la falta táctica cometida por los contrarios, cuando un jugador de ese equipo corta deliberadamente un avance rival con una infracción para que su defensa pueda colocarse, va contra la esencia del fútbol, el gol, y propone que el infractor deba de ser expulsado del terreno de juego.
Ello es comparable con la jugada del último recurso, cuando el delantero rival tiene clara posibilidad de gol. Si el defensa o el arquero comete esa falta, es inmediatamente expulsado del terreno de juego. Ese foul mal llamado táctico, y que la mayoría de periodistas sudamericanos lo describen como una jugada inteligente, debe de correr el mismo camino que lleva la falta cometida por el último hombre: la expulsión, pues va contra la esencia del fútbol: la de obtener el gol, tan escaso en el fútbol de hoy por las tácticas ultradefensivas que se emplean, cortando el espectáculo y alejando a los espectadores de los estadios.
Termina ese artículo escribiendo: “Educar en las escuelas, centros de formación y divisiones menores, explicando que se pueden evitar sanciones si se respeta el juego limpio, de ataque y sus imprescindibles actores, los delanteros centros. Entonces volverán los goles”.
Basta ver el fútbol inglés para disfrutar en todo su esplendor de la belleza del fútbol.
Nadie comete esos fouls tácticos, nadie hace tiempo, si se cae al suelo se levanta de inmediato y sigue jugando, salvo que su lesión sea verdaderamente grave, nadie simula una falta, nadie reclama al árbitro, a pesar que a veces se equivocan groseramente, pero sobre todo cuando está por finalizar un partido nadie hace deliberadamente tiempo.
En Sudamérica a veces los minutos adicionales ni siquiera se juegan, porque los jugadores sólo piensan en perder tiempo, recurriendo a toda clase de artimañas. En el fútbol inglés los equipos aún ganando por un gol de diferencia siguen en la búsqueda de otro gol, a pesar que en el contragolpe puedan empatar o perder el partido.
La velocidad, el ritmo y la técnica con que juegan ( lo difícil es tener precisión en velocidad) hacen del fútbol inglés el más entretenido de todos, pues se crean muchas oportunidades de gol, por lo que llenan sus estadios.
Aquí en Sudamérica en estas mismas circunstancias salta el comentarista de turno y alaba al jugador que pierde deliberadamente el tiempo exclamando: que inteligente es, cuando en realidad le está robando el tiempo a los espectadores que pagaron su entrada. En este fútbol lento, cansino, indisciplinado, informal, donde los jugadores tratan de sacar ventajas con vivezas criollas, de esta parte del continente, el público se aburre y no va a los estadios.
En Europa el promedio del tiempo efectivo jugado es alrededor de 50 minutos. En Inglaterra llega cerca de los 55. En Sudamérica estoy seguro que no alcanzan los 45. Aquí nos “roban” medio tiempo.
Esa debe de ser la respuesta del porqué los estadios ingleses están siempre llenos, sean partidos de primera, segunda, tercera división. Copa Inglesa o Copa Carling. Ellos privilegian el espectáculo, Acá vive “Pepe el Vivo”, está la improvisación, la indisciplina, el irrespeto a la autoridad. Acá se privilegia la mediocridad, la trampa. Por eso casi siempre se juega ante estadios vacíos.
Por eso los artículos de Just Fontaine son un remanso entre tanto periodismo mediático. Si tienen la oportunidad léanlos.
Por Luis Puiggrós Planas
Luis.puiggros@interlatincorp.com