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Desterremos la violencia

En casi todo el mundo la violencia en el entorno del fútbol y en el juego mismo se está generalizando, escapándoseles de las manos a las autoridades, ante la pasividad de éstas. Les está ganando claramente el partido.

Estamos cansados de ver toda clase de escenas violentas, lamentablemente con muertos incluidos, que cada día se incrementan y en algunos lugares no las pueden detener.

La vida es lo más preciado que nos ha dado Dios, y no se puede perder de la manera tan estúpida, por culpa de lo que a la larga es solamente un juego.

Es muy común ver a través de las imagines que nos trae la televisión los hechos violentos, que como caja de resonancia que es esa pantalla, sirve para que se expanda por el mundo, y que los desadaptados los tomen como ejemplo.

Existen muchos motivos que la generan, pero la más profunda en mi concepto es la falta de educación que existe en el mundo, que se hace más latente en Latinoamérica.

He repetido hasta la saciedad que una de las formas de educar es con el castigo, y esa es una de las formas de combatirla. En Sudamérica, cuna del irrespeto a la autoridad, olímpicamente se ignora esto

Hay elementos dentro del fútbol que la generan: Dirigentes, entrenadores, jugadores y periodistas muchas veces sin darse cuenta la fomentan. Por querer “calentar” un partido se exceden en declaraciones, o venden ilusiones que provocan una expectativa exagerada, enervando los ánimos con declaraciones altisonantes y otras veces hirientes, que después no pueden controlar.

La tenencia de armas blancas entre éstas barras, unidas al exceso de alcohol y drogas consumida por gente que ha perdido el rumbo en la vida, guiadas por delincuentes infiltrados en ellas, hace el resto. Una vez consumados los hechos la barra rival sólo piensa en la venganza. La de nunca acabar.

Basta escuchar a algunos de ellos en víspera de un partido importante, en especial algún clásico, muchas veces agrandados por estos actores, que se hace exclusivamente para vender, donde la mayoría de veces se dicen cosas que generan esta violencia. Una vez creada la bola de nieve es muy difícil pararla.

Gran culpa de lo que estamos escribiendo la tiene la cantidad de dinero que se mueve en el fútbol, más con el ingreso de las apuestas abiertas en el fútbol, que pueden generar mafias que quieran llevar agua para su molino. Lo sucedido en Italia con el escándalo Moggigate, que terminó con el descenso de categoría de la Juventus y la pérdida de puntos de equipos importantes como la Fiorentina, Lazio o Milan, es un llamado de atención en este sentido.

Lo que sucede en el entorno de la Argentina, futbolizada al máximo, no es un buen ejemplo, donde ganar se ha convertido en lo único, olvidándose que esto es sólo un juego, donde la creación de la mal llamadas “barras bravas” ha proliferado y estas pasan de todo valor o principio. ¿No es una estupidez mostrar como botín una bandera capturada de la barra contraria?

Lo peor es que está exportando estos malos ejemplos, primero a Latinoamérica, donde la Argentina es indudablemente un espejo en todo lo que se refiere a deportes, y ahora, llega al viejo continente.

Los europeos, en especial Alemania, Francia e Inglaterra, entre los grandes países futbolísticos eran un ejemplo de Fair Play. Hoy eso se está perdiendo, en especial en España, que ha vuelto sus ojos en los gauchos, que aprovechando un buen lobby, colocan a jugadores, entrenadores y periodistas en su entorno, argentinizándolo.

Antiguamente era un ritual las acciones del Fair Play. Hoy existen corrientes de no aplicarlo. Un claro ejemplo es que se está fomentando que cuando exista un jugador rival caído en el suelo, no se tire el balón fuera del campo para atenderlo.

Lo sucedido con el derby sevillano entre el Betis y el Sevilla en los tres partidos disputados en el año, en un ejemplo de ello. Las declaraciones y actitudes de sus presidentes generaron la violencia, agrandadas por algunos periodistas que tienen resonancia en la afición, tenían que terminar con algo grave. Esta vez fue la agresión realizada desde las graderías por parte de un antisocial contra el técnico Juande Ramos del Sevilla, felizmente sin consecuencias.

En Inglaterra que tenía el cáncer de los “hooligans” tomaron al toro por las astas y han desaparecido la violencia desarrollando una política inteligente, luego de muchos sufrimientos. Estos sólo aparecen borrachos en las plazas públicas donde juega su equipo, generalmente en el extranjero, pero que son fácilmente controlables. Los Campos ingleses NO TIENEN REJA QUE SEPARA LOS ESPECTAFDORES DEL CAMPO DE JUEGO y salvo la excepción que confirma la regla NADIE DEL PUBLICO INGRESA A ELLOS.

Al Perú hace rato ha llegado esta moda despreciable, y aparentemente NADIE QUIERE TOMAR CARTAS EN EL ASUNTO. El 19 de Enero de este año se produjeron los bochornosos sucesos en el Monumental en un partido amistoso entre Universitario y el Sport Boys, que nunca se debió jugar, pues la Prefectura no autorizó, y que un directivo crema, que debe de estar preso por sus declaraciones, trató de echarle la culpa a la autoridad con el CINICO Y DESPRECIABLE ARGUMENTO QUE EL CULPABLE ERA LA PREFECTURA PORQUE NO LES DIO LA AUTORIZACIÓN CORRESPONDIENTE, y la U en un desacato abierto a la autoridad ignoró y sencillamente jugó dicho partido.

Han pasado 46 días de aquella funesta jornada y aquí NO PASA NADA, se juega normalmente en el Monumental, no ha habido castigos para nadie (estamos en la víspera de un partido de alto riesgo entre los mis clubes a jugarse en el Miguel Grau del Callao), ante el silencio cómplice del Instituto Peruano del Deporte, de la Federación Peruana de Fútbol, de la Asociación Deportiva del fútbol profesional y de las autoridades políticas pertinentes.

Después no nos quejemos.

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